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Hay ocasiones en las que después de leer un libro uno se siente afortunado, feliz por haber tenido esa experiencia, y este es uno de esas rarísimas ocasiones en las que un texto te traspasa y entras con el autor a compartir su historia, no porque también sea tuya, o porque compartas experiencias parecidas, sencillamente porque haces su vivencia tuya.
Podría haber sido una novela vulgar, con un argumento facilón, y con unos personajes planos, pero Banville los transforma, los llena de matices físicos y psicológicos, los llena de vida.
Lo fundamental en la historia es la vivencia de la muerte de la mujer del protagonista, Anne, a través de un amor adolescente. ¿Cómo dar más entidad, más presencia a la experiencia olvidada y recreada, que a la recién vivida? Lo construye a través de espacios comunes, de lugares rememorados que cobran vida en experiencias presentes. El pasado se hace vivo, el ayer pasa a ser ahora. Aquella edad, aquellos años nos persiguen en lo más profundo de nuestro ser. Escribimos lo nuevo dentro de las líneas gastadas de nuestro pasado, es como si todo estuviera ya escrito, basta sólo con recordar para vivir. Incluso transciende este sentimiento que parece que vive el personaje; “A lo mejor todo lo que nos ocurre en la vida no es más que una larga preparación para abandonarla.”
Estas vivencias las sobrepasa, o las introduce en la descripción de espacios, de lugares físicos. Antes de entrar en la narración de cualquier hecho Bandeville nos introduce en el contexto natural, la mayoría de las veces atmosféricos, pero materializados en arbustos, árboles o ambientes domésticos. El contexto, el decorado forma parte de las experiencias en él vividas, es indisociable. La temperatura del agua, las corrientes de la playa, la brisa entre los árboles, la lluvia forma parte de los personajes y de sus sentimientos, de manera indisociable. “Hoy me invade una extraña ligereza…Vuelve a soplar el viento, y está trayendo una tormenta..de niño las tardes de invierno…de adulto..” “ Me sentía inexplicablemente ligero; era como si la tarde, empapada y goteando con su patetismo, me hubiera quitado temporalmente el peso del dolor..”
Es la naturaleza que se transmuta continuamente y la utiliza como puerta para adentrarnos en lo más profundo de nosotros mismos, parar el tiempo y bucear en nuestros sentimientos. |